El 1996 fue un año trascendental para Santos Laguna, un equipo que había estado en la sombra de otras instituciones del fútbol mexicano. La temporada de la Segunda División concluyó con un desenlace épico, donde los Guerreros demostraron su determinación y coraje, ganando el campeonato de la liga y asegurando su lugar en la máxima categoría del fútbol nacional. La afición, que había estado esperando con ansias este momento, se volcó en las calles de Torreón para celebrar el regreso de su amado club a la Primera División.
La trayectoria de Santos Laguna en la temporada del ascenso no fue sencilla. Los Guerreros enfrentaron diversos desafíos y adversidades, pero su espíritu guerrero se vio reflejado en cada partido. Bajo la dirección de su entrenador, el equipo mostró un rendimiento sólido y cohesivo, lo que les permitió superar a sus rivales y alcanzar la gloria. La afición, siempre fiel y apasionada, fue un factor determinante en este éxito, apoyando al equipo en cada encuentro con una energía que resonaba en el Estadio TSM Corona.
Este ascenso no solo representó un logro deportivo, sino también una revitalización de la identidad del club y su conexión con la ciudad de Torreón. Los jugadores que formaron parte de ese equipo histórico se convirtieron en leyendas para los aficionados, y su esfuerzo por llevar al club a la élite del fútbol mexicano se recordará por generaciones. Desde entonces, Santos Laguna ha continuado construyendo su legado, obteniendo múltiples campeonatos y estableciéndose como un referente en la Liga MX.
El ascenso de 1996 es un testimonio de lo que la perseverancia y la unidad pueden lograr. A través de los altos y bajos en la historia del club, la afición ha permanecido leal, recordando siempre aquel momento especial en que los Guerreros volvieron a brillar en la primera división, un hito que sigue vivo en el corazón de todos los santistas.
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